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Simon RodriguezCOMUNICADO A LOS TRABAJADORES Y TRABAJADORAS DEL INCES (MARZO 2013)

Comenzamos estas líneas desde el profundo espíritu de compartir el dolor que siente el pueblo venezolano, y específicamente toda la comunidad que hace vida en INCES. Pero esta sensación que nos deja la desaparición física de un gigante, del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana; se conjuga con un espíritu de compromiso ineludible de concreción de sus ideas, su legado. Porque no ha muerto Hugo Chávez, vive impertérrito en la voluntad incólume de un pueblo hecho Patria, en esta vocación de consolidar la independencia por la que luchó Bolívar hace doscientos años y que el Comandante Invicto materializó con una entrega absoluta que no se detuvo hasta sacrificar su propia vida. Por eso nosotros, hijos de la Patria, hijos de Bolívar, hijos de Chávez, nos comprometemos a continuar la batalla por las ideas refrendadas una y otra vez por el pueblo en la acción constante y en cada una de las elecciones en las que se nos llamó a participar. Nos comprometemos a transformar la sociedad, a construir el socialismo como única salida para una Venezuela libre y de iguales.

Es desde este preámbulo que haremos algunas consideraciones sobre ciertas preocupaciones expresadas en un comunicado que comenzó a circular con fecha de marzo 2013, mes y año que quedarán tatuados por el dolor en el corazón de un pueblo latinoamericano. En primer lugar debemos señalar que en el INCES, desde que el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana lo asignó al Ministerio del Poder Popular para la  Ciencia, Tecnología e Innovación, se dio inicio a una profunda revisión de la responsabilidad de la institución, sus raíces históricas, sociales y políticas, atendiendo el momento en que surge el decreto originario de constitución del INCE, el 22 de agosto de 1959, un año y medio después del derrocamiento de Pérez Jiménez, pero un par de años antes de promulgar la Constitución que señalaría el rumbo político del Pacto de Punto Fijo. Hay que profundizar aún más en las razones filosóficas, económicas, políticas y sociales que llevaron a la casta que se acomodaba en el poder al crear el INCE, incluso antes de determinar las normas constitucionales del país que estaban constituyendo. Pero más allá de esas consideraciones, el trabajo que se ha hecho en cada una de las regiones, cada uno de los Centros de Formación Socialista (CFS) del país, con cada una y uno de los sujetos que hacen vida en el contexto del INCES: Participantes, Maestras y Maestros Pueblo, Comunidad Organizada, Movimientos Sociales, Servidores Públicos, etc.; ha sido una titánica tarea de pensar desde una perspectiva participativa, protagónica y horizontal qué es lo que entendemos por la formación en el trabajo en el marco de un proceso revolucionario que se echa a andar bajo los parámetros del socialismo Bolivariano.

Lejos estamos nosotros de enterrar el legado que impulsase el maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, insigne robinsoniano, hombre revolucionario que luchó hasta el final por una sociedad más justa. Más bien es desde su espíritu de libertario, de seguidor del maestro Simón Rodríguez, que promovemos la identidad de un INCES en congruencia y coherencia con los preceptos revolucionarios, que no esconde su rol político, que no es cínico como otro. Bien lo decía el maestro Rodríguez: “Escuelas políticas cubiertas con el pretexto de la religión, disfrazadas con el título seductor de... Educación Popular, las hay en monarquías mitigadas, para embaucar a los pueblos, haciéndoles creer que el Soberano se interesa en su ilustración: pero el tema de las lecciones es, obedecer ciegamente al ungido del Señor, para asegurar su salvación. (…) En las repúblicas la Escuela debe ser política también; pero sin pretextos ni disfraces. En la sana política no entran mañas, tretas ni ardides. La política de las Repúblicas, en punto a instrucción, es formar hombres para la sociedad”. En estas líneas Robinson nos contrapone sabiamente los modelos que existen en la sociedad y su proceso educativo, la razón política que lo mueve, que le da sentido. Por ello no podemos dejar de lado la comprensión de aquello que motivaba a la formación en tiempos de hegemonía capitalista, de lo que se escondía en aquella asepsia maquillada de “excelencia técnica”, ajena a las relaciones de producción y la racionalidad del capital. Nosotros si abogamos por una construcción política y colectiva que conlleve a formar trabajadores y trabajadoras de la patria, libres y conscientes de lo que implican las relaciones intrínsecas de la producción, y es desde esa premisa que se están estructurando los Proyectos Formativos Integrales.

Si, estamos trascendiendo los Cursos, las Salidas Ocupacionales, los Manuales y los Módulos de Formación, pero no es precisamente en un esfuerzo por el “desmantelamiento” del INCES, sino que forma parte de entenderlo desde las políticas orientadas y emanadas por el Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana y que fueron materializadas el año pasado a través de la Gran Misión Saber y Trabajo Venezuela. Es desde comprendernos como parte de este proceso transformador, de este nuevo modelo de sociedad que la gran mayoría de los venezolanos y venezolanas han apoyado conscientemente durante los últimos catorce años de vida republicana. Los Proyectos Formativos Integrales no son más que la síntesis de entender las motivaciones desde las cuales se debe abordar el proceso formativo. Que son necesidades nacidas desde el pueblo, para resolver sus problemas, en comunión y construcción colectiva, con la autodeterminación propia de los hombres y mujeres libres. El trabajo es la fuerza liberadora del individuo y de la sociedad. Esta nueva forma de ver la formación redunda simplemente en la consolidación de una idea emancipadora de la formación y el trabajo como un proceso dialéctico. Lejos está el “desmantelamiento” del INCES, más bien estamos en presencia del fortalecimiento de una institución que cada vez se amalgama más con el pueblo que la nutre.

Queremos expresar también que este proceso de análisis transformador no se dio en pequeños grupos de expertos o ideólogos que ofrecieron soluciones normalizadoras y totalizantes. No. Es un debate que ha recorrido todos los rincones del país, una discusión que ha dejado como saldo 24 colectivos estratégicos estadales, 136 colectivos estratégicos y mesas de evaluación, construcción y desarrollo curricular permanente, en cada CFS del territorio nacional, donde participan trabajadores y trabajadoras del INCES de cada uno de los estados, maestras y maestros pueblo, sujetos comunitarios, comunidad organizada y movimientos sociales, entre otras y otros sujetos sociales. Es por eso que nos hemos tomado el tiempo necesario para sentar las bases y arrancar con buen pie la primera oleada de Proyectos Formativos Integrales a nivel nacional, los cuales inician a partir del próximo 1° de abril. Estamos hablando de proyectos con diversas dimensiones, que no dejan por fuera ningún área: agrícola, industria, comercio y servicios, construcción, turismo, textil o ferroviario (“programas formativos” que marcaban la pauta en la institución), pero que se integran en la complejidad de las relaciones de la sociedad.

Los Proyectos Formativos Integrales entienden el trabajo y las relaciones de la sociedad como un sistema complejo. Es por ello que atienden el proceso educativo desde el abordaje de este sistema y no de sus partes. En esta primera etapa, que como decíamos arranca el primero de abril y que se desatará para cumplir con las metas de formación establecidas para el año 2013, se abrirán 621 Proyectos Formativos que aglutinarán a más de 2 mil maestras y maestros pueblo y atenderán a más de 17 mil sujetos de aprendizaje (participantes). Progresivamente se estarán incorporando a cada CFS, nuevos Proyectos Formativos Integrales, que a la fecha se encuentran en proceso de construcción colectiva. Si bien no se comenzó la segunda quincena de marzo, como era lo habitual en la institución cada año, era necesario tomarse este tiempo para poder construir una propuesta que se adaptase de forma leal al proyecto de sociedad que estamos construyendo, siguiendo las enseñanzas del Maestro Robinson.

De la misma forma queremos rescatar la denominación de Maestras y Maestros Pueblo como una reivindicación histórica a lo que es el legado de Simón Rodríguez y el Maestro Prieto. La denominación de maestra y maestro tiene un sentido profundamente liberador, de firme arraigo popular, de la sabiduría intrínseca de aquel que se entrega con devoción a sus alumnos. Quisiéramos pensar que la absurda idea de que este cambio nominal incidirá de alguna forma en el reconocimiento de las conquistas laborales de las y los facilitadores parte del desconocimiento y no se debe a una manipulación de la situación. Esta gestión, que ha sido llevada adelante por el camarada Jorge Arreaza, siempre ha tenido como principal argumento el reconocimiento de estas y estos sujetos como principal valor para la transformación del INCES. Es desde esta orientación que en la recién aprobada contratación colectiva se le ha dado visibilidad a estas y estos compatriotas y se les han consagrado nuevos beneficios. Por ello llamamos a la calma y la cordura, y a no hacernos eco de rumores infundados por la leguleyería galopante. Violentar la “estandarización” de la “OIT/CINTERFOR”, institución padre y madre de las famosas tripartitas que vendieron históricamente a las fuerzas trabajadoras en el mar de la complicidad, no es un argumento de relevancia para lo que ha sido la acción y el compromiso constante de la revolución bolivariana con sus trabajadores y trabajadoras.

Finalmente, hacemos un llamado a la paz, a la concordia y al trabajo colectivo. Los espacios para el debate y la participación están abiertos, siempre lo han estado. En cada una de las regiones se trabaja para la consolidación de un INCES al servicio de las necesidades del pueblo, todas y todos podemos formar parte de este ejercicio de construcción colectiva. Todas aquellas interrogantes que puedan servir para alimentar este proceso, desde el debate franco y leal, son siempre bienvenidas para contribuir y formar parte de este espacio de acción integrada, porque nuestra voluntad está al servicio del pueblo, signada por el mandato del Comandante Supremo de la Revolución Bolivariana, arropada por el espíritu de Bolívar, de Simón Rodríguez, por la certeza incontrovertible que hoy tenemos patria y estamos dispuestos a pelear por ella.


Luis Berrizbeitia
Presidente del Instituto Nacional de
Capacitación y Educación Socialista -INCES

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