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Zulia_indultado_1Dice un indultado que aprendió mucho con el Inces

Tiene 39 años, nueve los vivió en la Cárcel Nacional de Maracaibo, ubicada en el sector Sabaneta. La confianza en un desconocido lo hizo caer en este recinto donde sobrevivir, es lo primordial.

Necesitaba un vehículo y un chofer de la línea, La Polar se lo ofreció en 7 mil bolívares, era el año de 1992. Él jamás imaginó que esa compra lo llevaría a permanecer los mejores años de su vida encerrado en un recinto penitenciario. Al poco tiempo de esa compra, el carro estaba registrado como robado y lo acusaron de haberlo hecho. Después de dos años, recluido en el retén de El Marite,  tratando de demostrar su inocencia, fue finalmente en 1994 cuando condenado a 9 años de prisión.

A  pesar de esta experiencia, Oliver (nombre ficticio) aún conserva valores como la amabilidad, educación y las ganas de seguir luchando por un mejor porvenir. Él es uno de los indultados del 2009.

Su madre murió cuando aún era un bebe, su tía Graciela lo crío. Tiene seis hermanos. Prestó servicio militar y es bachiller. Confiesa que antes ese incidente nunca había tenido problemas de esta índole. Tiene dos hijos, una de 14 años y un varón de 5. Su matrimonio se terminó como consecuencia de esta situación.

Oliver expresó que de los nueve años, “cumplió cinco años y medio en la Cárcel de Sabaneta. Por mi buen comportamiento me trasladaron a la casa comunitaria, allí estuve dos años y medio, trabajaba todo el día en  construcción y en la noche iba a dormir en esa casa”.

¿Cómo pudo sobrevivir en la cárcel de sabaneta?

-Trataba de no meterme en problemas. Estuve en el área penal de la cárcel, allí había delincuentes de todo tipo. No existen reglas, lo única regla era que una vez que finalizaba las visita nos. Yo trataba de no salir del cuarto, nunca me puñalearon, ni me dieron un tiro. Gracias a Dios que el Presidente me dio el indulto.

Me gané el cariño de los líderes internos y nadie me molestaba, nunca los provoqué para que me agredieran.

¿Cómo hacía para comer?

-Nunca comí en el comedor.  Comía en el cuarto con mi compañero. Allí todos tienen cuartos, lo que pasa que allí un cuarto vale caro, esto es como comprar una casa en la calle.  El que tiene cuarto es porque tiene como pagarlo.  Levanté mi pieza. Un líder me dio el terreno porque conocía a mi primo. No pague nada, pero sí tuve que pagar para que me dejaran pasar los materiales de construcción dentro del centro. Los muchachos me ayudaron en la faena.

¿Antes de entrar a la cárcel le gustaba la albañilería?

-Si tenía experiencia en la  construcción. Cuando estaba en la casa comunitaria hice muchos cursos impartidos por el Inces, manipulación de alimentos, enfermería, bloquera, mecánica y no culmine el curso carpintería, porque en ese momento recibí el beneficio de presentación.  Estoy muy agradecido con el Inces, con los facilitadores porque me trataron bien y respeto, a pesar de mi condición.

 ¿Cómo fue el proceso para indultarlo?

-Dios lo hizo todo, imagínate de tantas personas, me escogieron a mí. Me llamarón yo estaba en mi casa. Me dijeron, tienes que presentarse a las 7:00 am; llegue a las 6:30 am. Converse con un representante de la Misión Che Guevara quien me dijo que por mi comportamiento me gane el indulto, su delegada lo escogió, me dijo. Y me dijeron que recibiría un crédito por el Banco del Pueblo Soberano para que montara una bloqueara, lo recibí y así lo hice.

Los primeros bloques fueron empleados en al construcción de 80 viviendas de la Gran Misión Vivienda Venezuela; donde también fui beneficiado: hoy por hoy tengo una casa digna. 

¿Qué sintió usted cuando le dieron el indulto?

-Una alegría inexplicable. En ese momento me sentía acabado. Todos los días me preguntaba ¿quién me iba a dar trabajo?  cuando salí de la cárcel busqué trabajo y lo conseguí, pero al finalizar la primera semana me despidieron por mis antecedentes penales, me deprimí; lloré mucho, me dije, ¡quedé rayado para toda la vida! y me pregunte, ¿ahora, qué iba a hacer para mantener a mis hijos? Pero gracias a Dios, recibí el indulto y eso es bastante. De lo demás me encargaré yo mismo guapeando contra las dificultades. Estoy seguro de no tener demasiadas dificultades, si en el camino me encuentro gente como la del Inces.

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